Reflexiones

Cuenta conmigo

La primera vez que vi la película ‘Los Goonies’… Todo el mundo ha oído hablar de ella y verla más de una vez. Una película que mezcla la inocencia con la madurez, lo divertido con lo trágico; la realidad de los personajes combinada con la ficción en sus aventuras…recuerdo el sentir querer con todas mis fuerzas estar en aquella cueva…vivir esa experiencia… tener esa complicidad y sencillez entre las relaciones del grupo de la pandilla. Es tan mágico, es tan sincero, tan limpio, inocente, virgen, tan sano… Aunque sea una película y sea ficción; irremediablemente, siempre la comparamos a nuestra vida, bien pensando con nostalgia en lo que un día fuimos, o bien trasladándolo en la actualidad en nuestro momento presente. ¿Tuvimos esas estrechas vivencias entre nuestra pandilla? ¿Nuestras relaciones actuales son tan traslúcidas, sinceras y puras?

Cada vez que la veo, recuerdo momentos, días especiales que viví con mi pandilla, cuando éramos personitas, con nuestros juegos entre cartones, nuestras miradas, nuestras primeras mariposas que revoloteaban sin avisar cuando nos cogía de la mano, el que nunca callaba del grupo, el que siempre tenia la última palabra, el que siempre daba la cara por ti, el que nunca tenía hora de salida ni de entrada. También me hace recordar cómo era yo, quien era…cómo me comportaba…recuerdo defender al más débil, y respetar al más fuerte; cómo si de la selva se tratase.

Recuerdo la primera vez que sentí celos y cómo ellos me ayudaron a definir esa palabra y a entenderla.
Recuerdo aprender a confiar y recuerdo no descubrir la traición.
Recuerdo estar en la calle cuando ya caía la noche y hasta agotarme sin  tener las reglas del juego.
Recuerdo no tener hora de entrada y ser consciente de ello y de cuándo el límite del tiempo rozaba lo extraño.
Recuerdo reír hasta llorar, y dolerme todos los músculos de mi cuerpo.
Y recuerdo mucho más…

Hace poco vi la película ‘Stand by me’, otro tesoro de la nostalgia infantil; aunque en esta ocasión me ha hecho recordar mi presente, me ha hecho relacionar los personajes de la película con personas cercanas en mi vida.
Quizás porque la historia no llega a ser tan infantil, y es mucho más madura de lo que nos imaginábamos al principio.

Las relaciones entre ellos son mucho más profundas, existe una lealtad aplastante, un vínculo totalmente perceptible capaz de descubrir la complicidad entre ellos, especialmente entre dos personajes. Quedan muy pocas relaciones como esta…existen muchos miedos al fracaso, al dolor, al ridículo, demasiadas barreras, demasiada opacidad.
Por suerte todavía hay personas que confían de una manera no ciega, siendo consecuentes de la exposición de su lado más vulnerable; siendo valientes observando con precaución y respondiendo antes las señales auténticas de regalos que reciben. Estas personas tienen desarrollado un sentido especial, en el que aprenden y descubren quien es capaz de perder el tiempo entre rodeos y vueltas y de quién realmente quiere decirte desde dentro “CUENTA CONMIGO”.

Miradas oxigenadas





Cuando tu manera de mirar a las personas es transparente y nítida, el oxígeno que respiras se vuelve mucho menos pesado. Notas como los pulmones se hinchan y tu pecho crece de tal manera que ayuda a tener tu espalda rígida  y tu frente erguida.

Tus pasos son más firmes, y tu mirada sigue descubriendo aquellas que expresan, que respiran, que hablan, miradas auténticamente extraordinarias. Y misteriosamente tus ojos se humedecen proporcionando un especial brillo en respuesta a ese descubrimiento.
Es maravilloso poder observar en tu entorno próximo, miradas tan llenas de vida, tan grandes , y tener la sensación de que en cualquier momento van a explotar de energía. Es maravilloso darse cuenta de ello.

En cambio si tu mirada está inyectada en odio, desconfianza, vacía, inexpresiva y exenta de significado… trasladas una energía tan negativa que por más que lo intentes y te esfuerces jamás llegas a encontrarte en el camino, a las auténticas y genuinas.

Siempre hay una llave para entrar

Hay personas que creemos conocer, pero es imposible saber siempre qué pasa por esas cabecitas. Porque nunca somos tan transparentes con los demás…nunca somos tan transparentes con nosotros mismos…y quizás por ello exista un respeto y una extraña línea. Y contra más se haya sufrido más gruesa es, y no entendemos que ayudar a los que realmente nos quieren expresando nuestros sentimientos y siendo transparentes, hace que nos curemos.

A medida que me voy conociendo a mi misma…me doy cuenta de que parece ser, que uno de mis objetivos en esta vida es cruzar esa línea y entrar en ese espacio íntimo y personal. No sé porque seré tan insistente y curiosa…bueno sí que lo sé…porque me importa, porque me duele saber que puedo ayudar y no me dejan, porque me cuesta hablar o mirar hacia otro lado y cambiar de tema, porque quizás se sientan mejor si me dejan entrar, porque se puede encontrar una solución más fácilmente, porque quiero ser cómplice de los pensamientos de los que quiero.


Hay costumbres que no podemos controlar y manías que no podemos perder. Esta es mi manía, y por más que quiera no puedo perderla y mi costumbre siempre será intentar cruzar la línea sin controlar mis pensamientos.

Podemos y debemos moldear nuestra persona a lo largo de nuestra vida, por eso dicen que a medida que pasa el tiempo y vivimos las experiencias aprendiendo del resto, nos convertiremos en lo que queremos ser.

Ojalá yo me convierta en esa persona que a los que quiero no les cueste dejarme entrar.

He perdido la práctica y ya no tiene sentido que caiga

He de reconocer que ayer fue un día duro, mejor dicho, difícil. Siempre intento que no me derrumbe nada, que nada es tan imprescindible como para hacerte caer después de haber luchado durante tanto tiempo, por un sendero adornado de aprendizaje y decepción. No tiene sentido caer ahora…ahora ya estoy preparada…y aunque duela en la garganta y los ojos vean nubloso seguiré caminando. Tengo mis manos para palpar, tengo voces a mi alrededor de apoyo, me rodean caricias que elevan mis piernas haciendo que flote, mientras los dedos de mis manos alcanzan el cielo. Porque esto es otro salto más, y mi pelo no está tan enredado.

Hace tanto, tanto tiempo que no practico…ahora os explico qué es lo que estoy olvidando.

Tuve una extraña sensación física, un nudo en el estómago, noté como mi garganta poco a poco se iba estrechando, sin dejar que pudiera tragar saliva, al mismo tiempo mis ojos se humedecían, y mis pestañas se empapaban…noté  la mente vacía, y sentí debilidad en las extremidades. ¿Qué será? Estos síntomas se iban acentuando a medida que iba llegando a un lugar, un lugar cálido, un lugar en el que me esperaba mi fuerza, mi apoyo, mi amor. Previamente estuve varias horas sin sentir nada, y a medida que me acercaba a ese destino, mi debilidad se aceleraba por momentos.

No entiendo cómo la persona que me da esa fuerza, mientras cariñosamente protegía mi cuerpo con sus brazos, hizo que mi alma llegara a explotar desesperadamente dejando fluir todos los síntomas previos durante el camino, haciendo que me derrumbara. Pero ahí no queda todo…lo más extraño, es que después de sentirme acogida en su regazo durante 2 minutos, teniendo el calor de sus palabras, debilitándome al mismo tiempo por completo, y cuando creí que ya estaba preparada…no pude hacerlo, no supe llorar después de todo, no pude llorar. No sirvió de nada descifrar todos los síntomas. Desear con todas tus fuerzas, que todos los sentidos de tu cuerpo conspiren para que suceda, y cuando crees tenerlo tan cerca…aparece algo o alguien que no deja que ocurra, que impide que mis mejillas se humedezcan, que hace que mi garganta crezca mientras las puntillas de mis pies soportan todo mi peso. He perdido la práctica, y ya no sé llorar. Por eso digo que a estas alturas ya no tiene sentido que caiga, olvidar todo lo aprendido no sirve para nada y prefiero practicar el salto de pértiga

Como el agua

¿Y por qué nos comportamos tan diferentes cuando estamos con unos o con otros? ¿Por qué no somos iguales con todos, si somos la misma persona? ¿Somos camaleónicos por miedo? ¿Por miedo a hacer daño siendo sinceros?? ¿Por vergüenza a que descubran realmente como somos?? ¿¿Por qué preferimos hacernos los fuertes y endurecer el caparazón de nuestro corazón?? pero si no quieres realmente dejarte ver, ¿¿para qué sales a la calle??

Yo soy de las que no pueden cambiar, de las que prefieren seguir mirando adelante, con los ojos bien abiertos sin perder ningún detalle, aunque a veces por forzar tanto la vista, todo se nubla, entonces tengo que alejarme para verlo todo más claro. No me gusta que me digan que me he dejado algo en el camino…No me importa lo que haya pasado o lo que pase, no voy a cambiar porque no puedo hacerlo. No es mi naturaleza. Y no voy a rendirme, jamás nadie logrará cambiarme!!!

Es curioso, existen personas que en muy poco tiempo, descubren aspectos muy íntimos de mí y cómo en cambio otras, en años jamás encontraron mis miedos o inquietudes. ¿Será por falta de interés? ¿Será por qué en aquel momento llevaba alrededor de mi cuerpo una gruesa capa que no dejaba ver? El caso es que ahora me siento como soy y quién me conoce le interesa verlo.

A las personas que forman parte de mí

Trabajando en horas nocturnas, escuchando de fondo Damian Rice…me cuesta concentrarme, y me vienen palabras, pensamientos, sentimientos… a mi cabeza. Y como ya llevo un ratito sin ser productiva, he decidido que ahora es el momento para seguir escribiendo; y alejarme un momento hará, que luego vuelva con más intensidad, estoy convencida. Y porque sería un delito ignorar la necesidad del cuerpo humano, y si a él le apetece ahora distraerse y buscar rincones por su mente, pues así se hará. Empecemos a encontrar…

Existe una necesidad imperial en uno mismo  de sentir que hay alguien ahí afuera o dentro, que necesita de ti…que necesita tu presencia, tus palabras, tus abrazos, tus consejos…pues es gratificante, y te recuerda ¿Para qué has venido a este mundo sino es para eso?

Es genial, a medida que caminas y te encuentras personas, que se enlazan contigo de una manera tan especial y se dirigen hacia la misma dirección que tú. Te sientes afortunada, te sientes que todo merece la pena, y poco a poco les haces menos caso a aquellos que han dejado de aportarte lo que necesitas. Quizás es egoísmo…no sé cómo llamarlo, pero el caso es que no estamos para perder el tiempo, porque desaparece muy rápido, y hay que aprovechar lo que estamos viviendo y cómo lo estamos disfrutando. Y decir a tu gente cuánto les quieres y cómo les necesitas es imprescindible y fundamental para seguir dando oxígeno.

Impresiona cómo llegas a entender situaciones, comportamientos cotidianos que antes odiabas, o que no concebías y que poco a poco, a medida que vas ganando experiencia, llegas a ponerte en una tesitura especial haciendo que exista una terrible empatía con las personas que te importan, tanto que llega a asustar. En muchas ocasiones siento que ya sé qué van a confesarme.

Curioso sábado en el teatro

Curioso el sábado en el teatro,  todas las butacas prácticamente vacías menos dos de delante de nosotros , que las ocupaban dos señores de unos 50 años. Se acercó una pareja, y les preguntó: -¿Esta es la fila 5? Creo que es la 4 ¿No?- y los señores, se miraban perplejos y con aspectos despistados respondieron; -Ésta es la fila 5-. Entonces la pareja confirmo lo que imaginaban: -Pues aquí nos sentamos nosotros!!- y con expresión extraña y desconfiada cedieron:-Uppsss, sí, pues es verdad, nosotros tenemos que ir a la fila 4!! pues mira mejor aún, más cerquita!!-

¿por qué sucederá esto?, no es la primera vez, como en los aviones, siempre hay alguien que se acaba sentando en un asiento ajeno. ¿Despiste quizás? ¿Por ganas de joder? ¿Por querer entrar en la vida de otra persona y saber qué se siente? ¿Por querer ver las cosas desde otra perspectiva a la que nos han ordenado? ¿Por una cuestión de necesitar poseer algo que no es tuyo?…En fin, lo sigo recordando con una sonrisa pícara en los labios, es curioso… Y a quién no le haya pasado que lo diga ahora o que calle para siempre!! :)